- Tiene razón el señor - dijo Consejo -. Los muros se han inventado para desesperar a los sabios. No debería haber muros en ninguna parte.
Julio Verne, Veinte Mil Leguas de Viaje Submarino.
No aprendemos.
En el siglo XIX hubo un auténtico terremoto en el pensamiento, a partir de las ideas de Charles Darwin. Algunos discuten aspectos de sus teorías completamente palmarios, como es la evolución de las especies, por lo que es difícil que lo esencial de su mensaje haya todavía calado.
Lo esencial es que la naturaleza tiene un arma para su supervivencia: es la diversidad.
A las sociedades humanas nunca les ha gustado la diversidad. Siempre han hecho todo lo posible para discriminar y apartar al distinto, tanto dentro de sus límites como con respecto a otros grupos humanos.
Y una clara demostración son los muros.
En el siglo IV después de Cristo las dos grandes potencias que existían en el mundo crearon dos enormes muros.
Uno fue la Gran Muralla China, de sobras conocida, hecha para retener a los mongoles que amenazan con invadir el país desde el Norte.
Otro fue el limes romano. Un muro que se valió de accidentes geográficos, pero también de murallas edificadas por el hombre, como la conocida Muralla de Adriano en Inglaterra.

Esos muros cayeron. A las pocas décadas mongoles y bárbaros habían atravesado esas líneas.
En nuestro siglo también tenemos ejemplos. Grandes líneas fortificadas fueron levantadas entre Alemania y Francia, la Línea Maginot. Como los antes
mencionados, fueron muros que no sirvieron de nada.
Pero ahora también tenemos nuestros muros. Buscamos ensanchar las diferencias brutales entre el norte y el sur, y por eso hemos convertido el Estrecho de Gibraltar es un muro natural; o las líneas de alambradas de Ceuta y Melilla, o el muro cibernético que es el Espacio Schengen., o el muro creado por Sharon en Palestina.
Ahora leo que la Cámara Baja de EEUU aprueba un muro en la frontera con México.
Otro muro destinado a ser derribado.
Esto lo hacemos a la vez que construimos el Eurotúnel para evitar el aislamiento de Inglaterra y mientras se hacen túneles de más de 50 kilómetros para evitar la barrera de los Alpes entre Italia y Francia.
El Emperador Chino que mandó construir la Gran Muralla hizo ejecutar al ingeniero que dirigió los trabajos. Se dice que este al saber la condena dijo que se lo merecía, porque había cortado las venas a la tierra.
¿Qué nos merecemos los hombres de hoy en día?, que pretendemos crear los continentes a nuestra medida.
No puedo concluir sino con otra cita de Julio Verne, también de Veinte Mil Leguas de Viaje Submarino. Dice:
“No son continentes nuevos lo que hace falta a la tierra, sino otros hombres“.



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