La naturaleza había sabiamente dispuesto que las tonterías de los hombres fueses pasajeras y he aquí que los libros las hacen inmortales
Montesquieu, las Cartas Persas.
Nos quedábamos con esta cita, un ejemplo más del proceso oponente.
Ricardo Piglia cuenta (vía ciudadseva)
En uno de sus cuadernos de notas, Chejov registró esta anécdota: “Un hombre, en Montecarlo, va al casino, gana un millón, vuelve a casa, se suicida”. La forma clásica del cuento está condensada en el núcleo de ese relato futuro y no escrito.
Contra lo previsible y convencional (jugar-perder-suicidarse), la intriga se plantea como una paradoja. La anécdota tiende a desvincular la historia del juego y la historia del suicidio. Esa escisión es clave para definir el carácter doble de la forma del cuento.
Primera tesis: un cuento siempre cuenta dos historias.
No puede estar más afortunado Piglia: no en el ámbito literario, en la vida, en esta lucha incesante de contrarios, toda reacción lleva una contrarreacción, toda ley lleva en su entraña su trampa… Perpetuamente… En La orgía Perpetua, el fino análisis de Madame Bovary que escribió Vargas Llosa, se viene a decir lo mismo: el número dos, la estructura pareada, geminada como las murallas de Valence do Minho, es el origen de todo.
(Vista aérea de de Valença do Minho, al norte de Portugal)



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