Cuéntame mezcla las peripecias de sus protagonistas con entrevistas a los hombres que hicieron la televisión en los 60 y 70.
Es una gozada ver pasajes de las obras de teatro de Estudio 1 (vaya elenco el de Doce hombres sin piedad, la versión de la película que llevó a las pantallas Gustavo Pérez Puig), de aquella televisión en blanco y negro que veíamos todos los días quince, diez y seis, hasta veinte millones de españoles.
Chicho Ibáñez Serrador habla del Un, dos, tres. Su mujer le dijo al ver el primer programa que no lo entendía. El programa pasaba sin pena ni gloria, pero al llegar al quinto programa… empezó el boom del Un,dos,tres. Lo que había empezado como un concurso, dice Chicho, se había enriquecido con el paso de las semanas y se había convertido en lo que fue durante muchos años: un espectáculo, un espectáculo con el pretexto del concurso.
A los pocos minutos habla Miliki. Les llamaron a América en 1974 para hacer trece programas de circo. Vinieron a España, los grabaron y se volvieron. Miliki preguntaba cómo iba el programa. Bien, le decían, tibiamente. Al llegar al quinto programa, sus comunicadores en España le empezaron a comunicar que estaba siendo un éxito fastuoso. Otro clásico de la televisión. (A mí me encantaba el teatrillo que hacían al final, con Gaby intentando arreglar lo que hacían los otros payasos. Fui de esos españoles que por su edad no entendió la muerte de Fofó).
El quinto programa… Algo parecido a lo que creo que Virgilio dijo, que había que dejar a un libro reposar durante unos años para juzgarlo bien. Ahora las televisiones abortan los programas si no tienen cotas de audiencia al segundo o tercer programa. Estamos, parece ser, en el país de la abundancia, porque dejar programas grabados sin emitir debe de resultar muy caro.
Cuando las emisoras apoyan un programa, al final tienen éxito. Los hombres de Paco, por ejemplo, empezaron con poca audiencia. Eran unos personajes deshilvanados, era difícilmente comprensible la trama. Con el paso del tiempo ha llegado a ser una serie de éxito. Me encanta la estructura de cada programa: los protagonistas hacen una cagada sin querer, y para ocultarla cometen auténticas barbaridades: secuestros, intentos de asesinatos.
Una de las emisiones llegó a ser una alta comedia, donde cada personaje perseguía sus objetivos y al final en una escena convergían todos, dando lugar a contrastes hilarantes. Paco y su mujer querían adoptar a una adolescente, Paco con sus hombres estaba encargado de una asesina en serie que aprovechaba orgías organizadas, su mujer intentaba ayudar a un vecino que tenía un funeraria para trasladar un atáud. Al final, todos se juntan en el patio de vecinos donde viven los protagonistas, Paco en calzoncillos, su mujer escondida en el ataúd, y la inspectora que debía decidir la inspección…
Habían pasado más de cinco programas.



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