Archive for Noviembre, 2006

Plebexcito

Es un método que los dictadores tienen para asegurarse la fidelidad de su pueblo, y que consiste en regalarle las cosas más variadas.
Actualmente, no obstante, más que regalar en las dictaduras lo que se busca es hurtar la información adecuada a los súbditos.
En España, los dictadores han dado pantanos y toros. Se han llevado todo […]

Clikis y clicktoris

En la vida real la gente se echa kikis.
Por Internet esa posibilidad queda reducida a un posterior contacto, pero a cambio los internautas están continuamente echando clikis, excitados ante la idea del futuro kiki.
Las mujeres aprovechan estos avanzados métodos tecnológicos para estimularse el clícktoris.

Amores y pesares

Me encanta aquella frase atribuida a George Bernard Shaw: “El único amor verdadero es el amor a la comida”.
Hoy, vía Heraldo de Aragón, descubro una más cínica y contundente: “La pérdida de dinero causa más pesar que la de amigos y la de parientes”.
Lo escribió el poeta romano Juvenal
 

César 1- Zaragoza 1

Perdón, quería decir Celta 1- Zaragoza 1.
Tres puntos y una introducción.
Introducción: no veo la primera parte por obligaciones familiares. Oigo el gol de Milito por la radio, así como la expulsión de Zapater y las ocasiones fallidas del Celta de la primera parte. Antes de ir al bar a ver la segunda parte, intento verlo […]

Leyendo esta reseña de un libro de Joana Burke, me vienen a la memoria unos versos que dicen:
Hay cosas peores que la muerte,
pero nada tan hermoso como la vida.

No recuerdo el autor.
La felicidad es la ausencia del miedo, es la tesis de Punset en “Viaje a la felicidad”. Se están empeñando, vendría a decir Burke, […]

Defendiendo al asesino de tu hija

Unos comentarios sobre el caso Wanninkhof, que se está juzgado actualmente en Málaga. 

El Derecho Penal tiene el pecado original de que durante siglos se buscó a los criminales a través de la tortura, puesto que el único método de conseguir una seguridad en la pena impuesta era la confesión del culpable.

Pero se demostró que ese método era inhumano, injusto y, sobre todo, ineficaz. Los torturados, para aliviar el dolor, confesaban, e incluso cuando les preguntaban por cómplices delataban a las primeras personas que se les venía a la cabeza. Estos a su vez eran torturados, e indefectiblemente todos terminaban confesándose culpables. Hasta que no se juzgaba y ejecutaba a las suficientes personas como para aliviar la indignación de la gente afectada por el crimen, no se paraba.

Después ocurría en muchas ocasiones que el verdadero culpable se encontraba años más tarde. Pero ya se había ejecutado la venganza. Un caso concreto está detallado en la obra del italiano Alessandro Manzoni, llamado Historia de la columna infame, reseñado aquí por La Petite Claudine.

En el caso Wanninkhof, España entera se comportó como un patio de chismorreras (quizás no seamos otra cosa). La madre acusó a Dolores Vázquez y esta fue condenada. Primero en los platós de televisión y otros medios, luego ante los Tribunales de Justicia. Sin embargo, los tribunales de apelación y casación hicieron repetir el juicio: se había producido la condena sin motivación suficiente. (Consecuencia lógica de que no había pruebas consistentes).

La madre de Rocío había creado, sin quererlo, la mejor coartada que podía tener Tony King, que a los pocos años asesinó a otra chica, Sonia Carabantes. El estaba libre mientras una inocente estaba en la cárcel.

Aquí reinicio esta breve historia del Derecho Penal. Fueron varios los filósofos que vertieron aceradas críticas contra ese sistema judicial. Así,  Tomás Moro, en su Utopía, denunciaba que a los soldados licenciados se les ejecutase, cuando después de haberse jugado el pellejo por Inglaterra volvían a su país y se quedaban sin medios de vida, muchas veces lisiados, y se veían obligados a robar para subsistir. En la Ilustración se reduplican dichas críticas, y se escribe la piedra angular de los nuevos sistemas penales: De los delitos y de las penas, de otro italiano, Cesare Beccaria, libro de lectura obligada desde entonces en las Facultades de Derecho.

A la par de esas ideas se desarrollan técnicas que permiten investigar y recrear los crímenes con una facilidad pasmosa. Lo que en los libros de Sherlock Holmes es pura elucubración de Conan Doyle, en unas pocas décadas pasa a ser realidad. Y uno de los más fabulosos medios de investigación criminal es el hallazgo del ADN. Con todo ello, la confesión judicial tiene ahora valor nulo en Derecho Penal: hay medios más eficaces de averiguar la verdad, y siempre cabe la duda ante una confesión, por esa historia vergonzosa que dicho medio ha arrastrado.

En este caso, con el ADN en una colilla que dejó King en el lugar del crimen, y teniendo en cuenta los otros crímenes de King, siempre a chicas jóvenes, por móviles sexuales y en solitario,  no puede caber ninguna duda de quién fue el culpable.

Y sin embargo, la madre de Rocío ha insistido en pleno juicio en acusar a la pobre Dolores Vázques -el juez se lo ha recriminado-, y Tony King se ha sumado a esa teoría conspiranoica diciendo que él mismo vio a Dolores Vázquez asesinar a la pobre chica.

Ya es triste, por un empecinamiento estúpido y cruel, por falta de humildad en reconocer el error,  terminar siendo la coartada y mejor defensa del asesino de tu hija.

Defendiendo al asesino de tu hija

Unos comentarios sobre el caso Wanninkhof, que se está juzgado actualmente en Málaga. 

El Derecho Penal tiene el pecado original de que durante siglos se buscó a los criminales a través de la tortura, puesto que el único método de conseguir una seguridad en la pena impuesta era la confesión del culpable.

Pero se demostró que ese método era inhumano, injusto y, sobre todo, ineficaz. Los torturados, para aliviar el dolor, confesaban, e incluso cuando les preguntaban por cómplices delataban a las primeras personas que se les venía a la cabeza. Estos a su vez eran torturados, e indefectiblemente todos terminaban confesándose culpables. Hasta que no se juzgaba y ejecutaba a las suficientes personas como para aliviar la indignación de la gente afectada por el crimen, no se paraba.

Después ocurría en muchas ocasiones que el verdadero culpable se encontraba años más tarde. Pero ya se había ejecutado la venganza. Un caso concreto está detallado en la obra del italiano Alessandro Manzoni, llamado Historia de la columna infame, reseñado aquí por La Petite Claudine.

En el caso Wanninkhof, España entera se comportó como un patio de chismorreras (quizás no seamos otra cosa). La madre acusó a Dolores Vázquez y esta fue condenada. Primero en los platós de televisión y otros medios, luego ante los Tribunales de Justicia. Sin embargo, los tribunales de apelación y casación hicieron repetir el juicio: se había producido la condena sin motivación suficiente. (Consecuencia lógica de que no había pruebas consistentes).

La madre de Rocío había creado, sin quererlo, la mejor coartada que podía tener Tony King, que a los pocos años asesinó a otra chica, Sonia Carabantes. El estaba libre mientras una inocente estaba en la cárcel.

Aquí reinicio esta breve historia del Derecho Penal. Fueron varios los filósofos que vertieron aceradas críticas contra ese sistema judicial. Así,  Tomás Moro, en su Utopía, denunciaba que a los soldados licenciados se les ejecutase, cuando después de haberse jugado el pellejo por Inglaterra volvían a su país y se quedaban sin medios de vida, muchas veces lisiados, y se veían obligados a robar para subsistir. En la Ilustración se reduplican dichas críticas, y se escribe la piedra angular de los nuevos sistemas penales: De los delitos y de las penas, de otro italiano, Cesare Beccaria, libro de lectura obligada desde entonces en las Facultades de Derecho.

A la par de esas ideas se desarrollan técnicas que permiten investigar y recrear los crímenes con una facilidad pasmosa. Lo que en los libros de Sherlock Holmes es pura elucubración de Conan Doyle, en unas pocas décadas pasa a ser realidad. Y uno de los más fabulosos medios de investigación criminal es el hallazgo del ADN. Con todo ello, la confesión judicial tiene ahora valor nulo en Derecho Penal: hay medios más eficaces de averiguar la verdad, y siempre cabe la duda ante una confesión, por esa historia vergonzosa que dicho medio ha arrastrado.

En este caso, con el ADN en una colilla que dejó King en el lugar del crimen, y teniendo en cuenta los otros crímenes de King, siempre a chicas jóvenes, por móviles sexuales y en solitario,  no puede caber ninguna duda de quién fue el culpable.

Y sin embargo, la madre de Rocío ha insistido en pleno juicio en acusar a la pobre Dolores Vázques -el juez se lo ha recriminado-, y Tony King se ha sumado a esa teoría conspiranoica diciendo que él mismo vio a Dolores Vázquez asesinar a la pobre chica.

Ya es triste, por un empecinamiento estúpido y cruel, por falta de humildad en reconocer el error,  terminar siendo la coartada y mejor defensa del asesino de tu hija.

Defendiendo al asesino de tu hija

Unos comentarios sobre el caso Wanninkhof, que se está juzgado actualmente en Málaga. 

El Derecho Penal tiene el pecado original de que durante siglos se buscó a los criminales a través de la tortura, puesto que el único método de conseguir una seguridad en la pena impuesta era la confesión del culpable.

Pero se demostró que ese método era inhumano, injusto y, sobre todo, ineficaz. Los torturados, para aliviar el dolor, confesaban, e incluso cuando les preguntaban por cómplices delataban a las primeras personas que se les venía a la cabeza. Estos a su vez eran torturados, e indefectiblemente todos terminaban confesándose culpables. Hasta que no se juzgaba y ejecutaba a las suficientes personas como para aliviar la indignación de la gente afectada por el crimen, no se paraba.

Después ocurría en muchas ocasiones que el verdadero culpable se encontraba años más tarde. Pero ya se había ejecutado la venganza. Un caso concreto está detallado en la obra del italiano Alessandro Manzoni, llamado Historia de la columna infame, reseñado aquí por La Petite Claudine.

En el caso Wanninkhof, España entera se comportó como un patio de chismorreras (quizás no seamos otra cosa). La madre acusó a Dolores Vázquez y esta fue condenada. Primero en los platós de televisión y otros medios, luego ante los Tribunales de Justicia. Sin embargo, los tribunales de apelación y casación hicieron repetir el juicio: se había producido la condena sin motivación suficiente. (Consecuencia lógica de que no había pruebas consistentes).

La madre de Rocío había creado, sin quererlo, la mejor coartada que podía tener Tony King, que a los pocos años asesinó a otra chica, Sonia Carabantes. El estaba libre mientras una inocente estaba en la cárcel.

Aquí reinicio esta breve historia del Derecho Penal. Fueron varios los filósofos que vertieron aceradas críticas contra ese sistema judicial. Así,  Tomás Moro, en su Utopía, denunciaba que a los soldados licenciados se les ejecutase, cuando después de haberse jugado el pellejo por Inglaterra volvían a su país y se quedaban sin medios de vida, muchas veces lisiados, y se veían obligados a robar para subsistir. En la Ilustración se reduplican dichas críticas, y se escribe la piedra angular de los nuevos sistemas penales: De los delitos y de las penas, de otro italiano, Cesare Beccaria, libro de lectura obligada desde entonces en las Facultades de Derecho.

A la par de esas ideas se desarrollan técnicas que permiten investigar y recrear los crímenes con una facilidad pasmosa. Lo que en los libros de Sherlock Holmes es pura elucubración de Conan Doyle, en unas pocas décadas pasa a ser realidad. Y uno de los más fabulosos medios de investigación criminal es el hallazgo del ADN.

En este caso, con el ADN en una colilla que dejó King en el lugar del crimen, y teniendo en cuenta los otros crímenes de King, siempre a chicas jóvenes, por móviles sexuales y en solitario,  no puede caber ninguna duda de quién fue el culpable.

Y sin embargo, la madre de Rocío ha insistido en pleno juicio en acusar a la pobre Dolores Vázques -el juez se lo ha recriminado-, y Tony King se ha sumado a esa teoría conspiranoica diciendo que él mismo vio a Dolores Vázquez asesinar a la pobre chica.

Ya es triste, por un empecinamiento estúpido y cruel, por falta de humildad en reconocer el error,  terminar siendo la coartada y mejor defensa del asesino de tu hija.

Violadores del Verso

En el coche, oigo Radio Tres. Un descubrimiento tardío, aunque ya la oyera en tiempos, y a través de Ramón Trecet - buscad la belleza, es la única protesta que merece en este asqueroso mundo-, descubriese talentos como Noa o Madredeus, que después se hicieron populares.
Violadores del verso es un grupo zaragozano de rap que […]

La improductividad española

Esta mañana he tenido que estar en Calahorra (La Rioja).

En cierta tienda he debido ir dos veces. Una para hacer fotocopias y otra para remitir un fax.

Ambos aparatos eran viejos e irritantemente lentos. Mientras, la dependiente vigilaba la emisión del fax, cuando había otros clientes a los que podía atender perfectamente.

Esto me hace pensar en las causas de la improductividad española. Tenemos los horarios más irracionales, ocupamos como ningún otro país europeo el tiempo en el trabajo, pero en cambio somos de los más improductivos. Se habla de una cultura de la presencia, en vez de una cultura de la productividad.

Quizás sea, efectivamente, una cuestión de cultura, de haber llegado tarde a la modernidad. De que nos tenemos que remontar muy pocos años para encontrar un empresario español de difusión internacional, fuera de ciertos sectores como el bancario o el textil. Ramón Areces (que empezó con un pequeño taller, precisamente); Meliá,… todos empezaron a mitad del siglo XX.

Y esa culta de innovación, emprendimiento, productividad, todavía no ha llegado a los empleados. Deben fichar, ir corriendo al trabajo si llegan unos minutos tarde, aunque luego en la mayor parte de las empresas privadas (y para qué hablar de las públicas), se dediquen los primeros minutos del día -y hasta las primeras horas-, hablando de fútbol y de cotilleos.

Va a ser verdad que somos un país de empleados.