Defendiendo al asesino de tu hija

Unos comentarios sobre el caso Wanninkhof, que se está juzgado actualmente en Málaga. 

El Derecho Penal tiene el pecado original de que durante siglos se buscó a los criminales a través de la tortura, puesto que el único método de conseguir una seguridad en la pena impuesta era la confesión del culpable.

Pero se demostró que ese método era inhumano, injusto y, sobre todo, ineficaz. Los torturados, para aliviar el dolor, confesaban, e incluso cuando les preguntaban por cómplices delataban a las primeras personas que se les venía a la cabeza. Estos a su vez eran torturados, e indefectiblemente todos terminaban confesándose culpables. Hasta que no se juzgaba y ejecutaba a las suficientes personas como para aliviar la indignación de la gente afectada por el crimen, no se paraba.

Después ocurría en muchas ocasiones que el verdadero culpable se encontraba años más tarde. Pero ya se había ejecutado la venganza. Un caso concreto está detallado en la obra del italiano Alessandro Manzoni, llamado Historia de la columna infame, reseñado aquí por La Petite Claudine.

En el caso Wanninkhof, España entera se comportó como un patio de chismorreras (quizás no seamos otra cosa). La madre acusó a Dolores Vázquez y esta fue condenada. Primero en los platós de televisión y otros medios, luego ante los Tribunales de Justicia. Sin embargo, los tribunales de apelación y casación hicieron repetir el juicio: se había producido la condena sin motivación suficiente. (Consecuencia lógica de que no había pruebas consistentes).

La madre de Rocío había creado, sin quererlo, la mejor coartada que podía tener Tony King, que a los pocos años asesinó a otra chica, Sonia Carabantes. El estaba libre mientras una inocente estaba en la cárcel.

Aquí reinicio esta breve historia del Derecho Penal. Fueron varios los filósofos que vertieron aceradas críticas contra ese sistema judicial. Así,  Tomás Moro, en su Utopía, denunciaba que a los soldados licenciados se les ejecutase, cuando después de haberse jugado el pellejo por Inglaterra volvían a su país y se quedaban sin medios de vida, muchas veces lisiados, y se veían obligados a robar para subsistir. En la Ilustración se reduplican dichas críticas, y se escribe la piedra angular de los nuevos sistemas penales: De los delitos y de las penas, de otro italiano, Cesare Beccaria, libro de lectura obligada desde entonces en las Facultades de Derecho.

A la par de esas ideas se desarrollan técnicas que permiten investigar y recrear los crímenes con una facilidad pasmosa. Lo que en los libros de Sherlock Holmes es pura elucubración de Conan Doyle, en unas pocas décadas pasa a ser realidad. Y uno de los más fabulosos medios de investigación criminal es el hallazgo del ADN. Con todo ello, la confesión judicial tiene ahora valor nulo en Derecho Penal: hay medios más eficaces de averiguar la verdad, y siempre cabe la duda ante una confesión, por esa historia vergonzosa que dicho medio ha arrastrado.

En este caso, con el ADN en una colilla que dejó King en el lugar del crimen, y teniendo en cuenta los otros crímenes de King, siempre a chicas jóvenes, por móviles sexuales y en solitario,  no puede caber ninguna duda de quién fue el culpable.

Y sin embargo, la madre de Rocío ha insistido en pleno juicio en acusar a la pobre Dolores Vázques -el juez se lo ha recriminado-, y Tony King se ha sumado a esa teoría conspiranoica diciendo que él mismo vio a Dolores Vázquez asesinar a la pobre chica.

Ya es triste, por un empecinamiento estúpido y cruel, por falta de humildad en reconocer el error,  terminar siendo la coartada y mejor defensa del asesino de tu hija.


One Response to “Defendiendo al asesino de tu hija”  

  1. 1 enrike45

    Hablando de felicidad.

    JOSÉ LUIS LÓPEZ ARANGUREN, filósofo y ensayista

    Fragmento de “El don de la felicidad”

    En todos los tiempos, en todas las culturas ha sido constante el anhelo del ser humano por alcanzar la felicidad. Todos aspiramos a la felicidad y la buscamos de mil maneras. ¿Lograremos encontrarla?

    Buscamos la felicidad en los bienes externos, en las riquezas, y el consumismo es la forma actual del bien máximo. Pero la figura del “consumidor satisfecho” es ilusoria: el consumidor nunca está satisfecho, es insaciable y, por tanto, no feliz. Podemos buscar la felicidad en el triunfo, en la fama, en los honores. Pero ¿no es todo eso sino pura vanidad, en definitiva nada o casi nada? Otro modo de búsqueda de la felicidad es la autocomplacencia: así, el goce del propio placer, el deseo de perfección o la práctica de la virtud. Aspiramos a la felicidad, pero aspirar no es lo mismo que “buscar” y, todavía menos, que “conquistar”, ni fuera ni dentro de nosotros mismos. La felicidad es un don, el don de la paz interior, espiritual, de la conciliación o reconciliación con todo y con todos y, para empezar y terminar, con nosotros mismos.

    Para recibir el don de la felicidad el talante más adecuado es, pues, el desprendimiento: no estar prendido a nada, desprenderse de todo. La felicidad, como el pájaro libre, no está nunca en mano, sino siempre volando. Pero tal vez, con suerte y quietud por nuestra parte, se pose, por unos instantes, sobre nuestra cabeza. ”

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