Una democracia verdadera es papel mojado si no hay una distribución equitativa de la riqueza.
Donde no la hay, los regímenes dictatoriales se hacen sin paliativos con el poder. Puede haber votaciones, pero son pucherazos. Quienes detentan el poder económico también tienen el poder económico, y actuán a placer, sin resistencia, sin oposición.
En España hemos perdido en los últimos diez años lo que habíamos ganado en dos generaciones, con el sufrimiento de miles españoles que vivieron la guerra y la posguerra, tiempos duros en el mejor de los casos, y terribles para los que sufrieron la derrota de la guerra civil, y la falta de reconocimiento de su actuación en el posterior episodio de la guerra civil europea que se conoce como Segunda Guerra Mundial.
Esas clases medias que han sido la base de la prosperidad de los últimos años están desapareciendo. Cada vez más unas pocas personas se atiborran de ganar dinero (-Qué quieres para Reyes- Un pelotazo, papá. Chiste de Cano hoy en Heraldo de Aragón). ¿Ese dinero de dónde sale? Del sacrificio de los demás… de lo que no ingresan los mileuristas…
Una persona de clase media y mediana edad (un Juan Español, ), que no hay sufrido las vicisitudes y crispación de años pasados, puede llegar a las urnas con la idea de votar a partidos muy dispares, y en concreto a los que se reparten el poder en España. Yo mismo he votado al PSOE y al PP, y no me considero ligado a ninguno de ellos.
Ahora bien, tal como están las cosas, ¿a quién podría votar ahora? Ambos partidos están profundamente encharcados en los múltiples chanchullos de corrupción inmobiliaria que afloran en todo el país, y ambos han hecho hincapié en todo tipo de problemas para quitar la atención de este desfalco a gran escala que estamos sufriendo.
El P.P., además, tiene el agravante de que todavía no se ha recuperado del golpe que supuso la derrota electoral. Tenían tan claro que iban a seguir…Todo atado y bien atado.
El P.S.O.E. está buscando posiciones extremas que enconan el debate político. Primeros en votar Constitución europea; una ley sobre el matrimonio extremista, que lo deja sin sentido; la patética Alianza de civilizaciones (¿contra quién?).
En fin, si nos olvidamos de las ideologías, como ya han hecho los políticos; si consideramos, prosaicamente, que más que la opción de votar a un partido que exprese lo que queremos y lo que sentimos, tenemos el derecho de elegir entre varios que puedan mejorar nuestra vida, como un producto de consumo más… tenemos muy mal panorama. Muy malo.



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