La Pantoja es a los programas de cotilleo lo que el Madrid a los de deporte.
Así como los telediarios dedican cinco minutos al Madrid como mínimo, incluso cuando genera alguna noticia, los de cotilleo, a través de los cuales uno podría viajar por el día entero, se dedican a la Pantoja. Incluso cuando hay alguna noticia.
No entiendo esta obsesión por esta mujer.
En cierta medida representa el cambio que ha dado España en los últimos treinta años. Estuvo casada con un torero, y de los buenos, cuando ser torero simbolizaba lo máximo que se podía ser en España (una cutre-canción de los ochenta tenía el estribillo aquel: “Yo quiero ser torero(…) Torero, mucho dinero, para gastarlo como yo quiero”)
Ahora está liada con un adlátere de Gil, con uno de los muchos que sin ningún escrúpulo se han hecho ricos a costa del agujero jurídico que existe en los Ayuntamientos.
Dicen que es gafe: estas dos parejas han sufrido el peor de los gajes de sus respectivas profesiones. Algo habrá. Realmente, creo que sí tiene mala suerte.
El otro día, en una noche de insomnio veo un especial sobre Lauren Postigo, tras su fallecimiento. Emiten fragmentos de varios de los programas de Cantares. Sale Lola Flores, Rocío Jurado … y la Pantoja, jovencísima, natural y guapa. Lauren la presenta como “la hija de mi amigo Juan”. Después un fragmento de “El garrotín”…
Y después se pasa a otras folklóricas. Sale la Camboria, ex-mujer de Lauren. Una conversación sobre si es celosa… Y un fragmento de una de sus canciones: “El señorito Don Julián”. La crítica a un rico que no sabe qué hacer con su dinero.
No se puede evitar pensar en la Pantoja.
¿Mala suerte, esta forzada asociación de ideas? ¿O es que la persiguen hasta los encargados de los archivos de televisión?



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