Al final, los hombres no somos más que nuestros instintos, nuestros vicios, nuestros miedos, nuestras manías. Por eso resulta lamentable que en muchas ocasiones de la historia se dé el poder a un solo hombre.
El nombre completo del emperador romano Tiberio, Tiberius Claudius Nerus, fue satirizado por sus legionarios como Biberius Claudius Merus, algo así como bebedor de vino puro, por su desmedida afición al alcohol. En sus borracheras muchas veces mandaba a ejecutar a soldados, pero en la resaca se arrepentía, de tal manera que él mismo tuvo que limitar su poder omnímodo pidiendo a sus soldados que esperaran a que estuviera lúcido los días siguientes antes de ejecutar las órdenes realizadas en sus juergas. (Alejandro siempre lamentó algo parecido: embriagado en una fiesta mató a su más fiel compañero, Hefestión)
En este post uno de los antiguos colaboradores de Chávez habla del mandatario venezolano. Desorganizado, dice que es. Y con una desmedida afición al poder, por lo que puede bailar entre mil aguas. Exactamente lo mismo que lo que en este blog decíamos de Franco.
Ni el revolucionario que dice ser ni el sanguinario dictador que lo pintan otros. Un hombre. Pero al que tendrán que poner los dispositivos precisos para que no se perpetúe en el poder.



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