Raphael define la Navidad

Nochebuena: un día para hacernos inmortales, para sentir y vivir como hace miles de años (el mito de Cristo es la continuación del de Mitra, que posiblemente continúa otros mitos más antiguos) y como dentro de miles de años.

Nuestro día a día nada tiene que ver con el de hace cincuenta años, incluso con el de hace veinte. La mayoría trabajamos con ordenadores, artefactos desconocidos hasta ahora mismo.

Y, sin embargo, este día sentimos lo mismo que un campesino hace cien años o un cazador hace cuatro mil.

El día más oscuro del año, al que para compensar damos las luces de la felicidad, de igual modo que a los días más pletóricos del año, el primer plenilunio tras el equinoccio de primavera, lo amortiguamos con las liturgias de la Semana Santa. El yin y yang.

Todo se repite. En la televisión igualmente: las caras de siempre. Jesús y Paula Vázquez, Florentino Fernández,…, discurso soporífero, autocomplaciente, inocuo y previsible de un desganado Rey, Ramón García que se reserva para otra Nochevieja,… y Raphael.

Veinte, quizás cuarenta años cantando el tamborilero y haciendo la nochebuena. Y sin embargo, en los primeros compases de su programa dice: déjenme que les acompañe por un día.

¡Por un día! Nochebuena.


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