Decía Heródoto que la ciudad de Ecbatana tenía pintadas sus siete murallas con los colores de los siete planetas.
De este modo querían asimilar la ciudad con el cosmos.
Los seres humanos se sentían cobijados porque las casas -chozas,cabañas…- eran universos en miniatura (…) Los mayas creían que el universo se había organizado a partir de la estela luminosa (la Vía Láctea) dejada por la aparición del dios del maíz, de cuya existencia dependía la vida de los hombres. El dios ascendió a los cielos a partir del lugar que el despuntar de las tres estrellas de las Pléyades señalo en el cielo del ocaso; por eso, toda casa, soportada por un pilar erguido como una columna celestial, debía centrarse alrededor de un hogar compuesto de tres piedras a semejanza de las tres Pléyades.
Los devotos de la arquitectura nipona nunca se cansan de destacar las maravillas del jardín japonés, al que se accede por la puerta corredera de la casa y donde las plantas, el agua y la arena recrean un mundo en miniatura de valles, montañas y océanos.
Altair, Especial Hogares del Mundo.



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