El error de Aznar

Toda la situación política actual deriva de errores de Aznar.

No supo entender la mayoría absoluta obtenida en 2000. El “sigue así” que le dio el pueblo español, lo entendió como un “haz lo que quieras”.

A partir de ahí cometió el mayor error que puede cometer un gobernante: olvidarse del pueblo, prescindir también de las otras formaciones políticas. Y el máximo exponente de ello fue la participación española en la guerra de Irak, pero sobre todo el modo de hacerlo, buscando un protagonismo personal (foto de las Azores), que no le correspondía.

A partir de ahí las cosas le han ido malhadadas al P.P., que además se muestra incapaz de reaccionar.

El 11-M tuvo una buena oportunidad para ser valiente con la ciudadanía, reconociendo la autoría que sabían desde el principio, haciendo contricción del error de la guerra y siendo transparente con la opinión pública. No se atrevieron: estaban demasiado implicados.

Consiguieron movilizar a un electorado de centro-izquierda que iba a pasar de las elecciones, porque el PSOE no había conseguido renovarse de aquel que terminó corrupto tras las legislaturas de Felipe (niveles de corrupción que querríamos ahora). Esos decidieron las elecciones.

Lo triste es que el P.P. sigue en sus trece. En su último comunicado, tras el varapalo que ha sufrido Acebes por la cúpula policial de la época de los atentados, vuelve a indicar que el PSOE se aprovechó de los atentados para ganar las elecciones: es el mismo error de Aznar: prescindir del pueblo, no valorar que las elecciones fueron decididas por el pueblo español, no por los terroristas de ningún signo, ni por los medios de comunicación de ambos lados, ni por ningún partido…

Los medios que inspiran la teoría de la conspiración ya han pasado el rubicón, cuando Pedro J. presentó una prueba en su periódico y después los peritos fueron procesados. Han pasado de un punto de no retorno, y no van, no pueden hacerlo, a rectificar.

El P.P. debe desvincularse de una vez por todos de ellos. Si no, nos vamos a encontrar una democracia coja.


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