Los contratos hipotecarios pueden venderse en
mercados secundarios y por eso han sido objeto de un intenso proceso de
bursatilización. Pero al surgir temores de insolvencia, esos títulos
sólo pudieron seguir refinanciándose a tasas de descuento muy elevadas.
Por fin, este mes las ventas se frenaron. Hoy muchos grandes bancos
estadounidenses se encuentran nadando en un mar de títulos derivados
anclados en mala calidad crediticia (irrecuperables). Al no poder
refinanciarse, esos títulos deben ser incluidos en sus hojas de
balance, lo que implica pérdidas. La ironía es que la Reserva Federal
ha mantenido una posición laxa frente a las necesidades de reservas
bancarias y hoy se le revierte todo el proceso y se ve obligada a
inyectar liquidez. Este estado de cosas no va a cambiar sino hasta que
resucite el segmento hipotecario del mercado financiero.
Visto en Rebelión
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