Mantengo una posición ambigua respecto de la Monarquía.
Por un lado, parece obvio que es un sistema anacrónico. Ya Platón ponía la República como más avanzado.
Pero por otro lado dos países admirables, Gran Bretaña y Japón, se caracterizan -entre otros parecidos razonables, como ser islas al lado de sus continentes- por su fidelidad a la institución monárquica.
En tiempos, la monarquías debían basarse en revelaciones divinas para no ser objeto de críticas.
En España, país que ha sido Reino sin Rey durante muchos años, y después ha sido y es Reino sin monárquicos, la Monarquía la han mantenido los media tradicionales, que salvo excepciones han sido tremendamente serviles con la institución.
El problema le va a venir al actual Príncipe. Internet se impone cada vez más como medio de ocio e información, y va a ser imposible esa extraña unanimidad que se ha dado hasta ahora a favor de la Corona.
El Príncipe tendrá que hacerse valer si no quiere perder la Corona, y lo va a tener complicado. Dice El País que fue él personalmente quien levantó la persecución al Jueves. Mal paso. De pronto, la “marca” del Príncipe, la primera imagen por la que se le reconoce, ha pasado de ser su presencia como abanderado en los Juegos Olímpicos de Barcelona a esa caricatura que hubiera pasado, de otro modo, desapercibida.
Y el problema fue este: de medios. En vez de retirarse el dibujo empezó a proliferar en Internet, y TODO EL MUNDO lo ha visto, igual que todo el mundo le vio el día inaugural de 1992.
Ya no podrá ser Rey por gracia de la televisión.



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