Se discute ahora si la crisis económica que viene desde agosto es de liquidez o de solvencia.
Algo parecido se puede extrapolar al Real Zaragoza.
El proyecto de este año fracasó cuando contra el Aris se echó por tierra la participación en la U.E.F.A. que tanto había costado el año anterior. Para entonces el Zaragoza ya había dado síntomas de su incapacidad, y desde este blog nos preguntábamos qué se esperaba para cesar a Víctor Fernández.
El equipo no tiene remedio, con este entrenador no vamos a ningún lado a pesar de que todavía hay gente ciega con él.
Pero el problema que surge ahora, y que puede llegar a un punto de no retorno en los próximos meses, es el que ha de vincularse a la actuación de la Junta directiva y, desgraciadamente, a la propia supervivencia del club.
La Junta directiva, ojalá me equivoque, pero tiene muy poco margen para cambiar las cosas, está a un paso de fracasar.
Empezó con muchos bríos, haciendo cosas con que Soláns no se atrevió nunca (fichajes como Aimar, Ayala o Matuzalem). El éxito moderado del año pasado los cubrió. Pero la apuesta del Zaragoza era un todo o nada a alcanzar puestos de Champions y poder revitalizarse, y ahora lo que hay que rezar es, tras perder todos los partidos en noviembre, si no fuera por el regalo de Abondanzieri en el último partido, para no bajar a Segunda.
Así, a descubierto de los buenos resultados, nos encontramos con una entidad clarísimamente en quiebra, con una deuda de más de 100 millones de euros, sin una política deportiva clara, con un personaje al frente que no tiene el fuste ni la solvencia (ni el zaragocismo, tantas veces negado injustamente) del anterior Presidente… Para echarse a temblar.
El proyecto del nuevo Zaragoza, es buen fútbol de siempre más la ambición que últimamente faltaba, ha fracasado. Quizás por una primera pésima elección: la de un entrenador que perdió la humildad, si alguna vez la tuvo.
Y así, con un entrenador que dice (antes del 4-1 contra el Barça), que su equipo da miedo, cuando lo que da es pena y vergüenza, y con un presidente que habla de hacer un club al estilo del Barcelona agrupando varias modalidades deportivas cuando tiene entre sus manos un moribundo, sólo podemos ir a un sitio.
El mismo sitio al que el antiguo Zaragoza fue, pero ahora no tenemos Iberia que nos salve. El mismo sitio al que fue el CAI de Baloncesto (justo después de inaugurar el Príncipe Felipe, sería paradójico que se repitiese la historia con el Zaragoza y un campo de fútbol nuevo).
¿Qué harán los de la actual Junta cuando hayan hecho el negocio con la construcción del campo nuevo? Uff, tendremos que ponernos en mano de los de Gran Escala o de la algún ruso tipo Abramovich. O de los chinos. Suicidarnos, hacernos del Atlético de Madrid o de otros equipos a elección de cada cual.
La única esperanza es que se forme un equipo en la ciudad que pueda subir en unos años a Segunda para dar el salto de nuevo a la elite.
Porque esta Junta directiva ha apostado muy fuerte, y ha perdido.



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