Si los soldados americanos cambiasen un poco la pregunta, si se preguntasen por qué están disparando, y no a qué…
A pesar de contar con Internet en sus barracas, pasan el tiempo de ocio jugando. Están en una guerra contra una guerrilla urbana, una guerra pantanosa imposible de ganar. (Un oficial entrevistado dice que podrían ganarla fácil, aunque en contra de sus principios: atacando a la población civil).
¿Creen de verdad que llevan la democracia, el bienestar?
Quizás sea un problema crónico. Los padres de estos lucharon en Vietnam, sus abuelos en la SGM, sus bisabuelos en la PGM… En todas esas guerras Estados Unidos fue “provocado”, tradición que se remonta al hundimiento del Maine, luego del Lusitania, el episodio de Pearl Harbour y el discutido 11-S.
Todo hundimientos, ya sea de barcos o de edificios. Aunque al final el edificio que se está hundiendo es el propio país. Aunque también circula que el Katrina fue provocado por terroristas.
Y estos están haciendo la guerra que les ha tocado por su generación. Hay poco que pensar. Alguno, con 20 años, ha dejado ya descendencia: serán los que lucharán no se puede saber dónde, dentro de 20 años.
América presume de ser la nueva Atenas, pero es la nueva Esparta.
Lo malo es que les toca apartarse del poder. Sólo son potencia industrial en armamentos. Una retirada inteligente convendría a todos. Pero tienen demasiada carne de cañón. Un cóctel muy peligroso.
Reportaje de Jon Sistiaga sobre la guerra en Irak: cuatro.com - Sargento: ¿A qué estamos disparando?



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