El artículo de Leonhardt en el NYT de ayer (Be It Ever So Illogical: Homeowners Who Won’t Cut the Price) es interesante. No por el tema, que hemos tocado muchas veces en este blog, sino por la forma de contarlo. Es evidente que la postura de “no venderé la casa hasta que me den lo que pido”, que siempre es al menos lo que costo inicialmente, es absurda e irracional desde un punto de vista económico. Leonhardt explica que hay razones económicas y psicológicas que hacen que la vivienda sea un activo de una clase especial. Para describir este carácter especial se pregunta si sería posible encontrar a un accionista de Bear Stearns que diga que no venderá sus acciones hasta que no le den 150 dólares por cada una



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